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Leyendas - Turismo de Graus
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Leyendas

 ¡Descubre la leyenda con los peques de la familia!

 

Graus está situado en una encrucijada de caminos. En su entorno, diferentes espacios sagrados la protegen. Una vez más la leyenda rememora figuras míticas o relacionada con personajes históricos.

 

Leyenda del gigante del Ésera

 

El gigante Polifemo, de un solo ojo, personificado en Ome Granizo habitó la sierra de Grustán. Según la versión de Gutiérrez Lera, Ome Granizo cuidaba su rebaño en dicho lugar, mostrándose hospitalario con las pocas personas que hasta allí llegaban con el fin de devorarlas más tarde.

 

Cuenta que un chico, al que invitó a pasar la noche en su cueva, consiguió vencerle clavándole en un ojo un hierro rusiente. Ciego y con el fin de que no escapara, el gigante le tiró un anillo mágico que el llevaba. El muchacho cayó en la trampa y cogió el anillo que, al ponérselo en el dedo, comenzó a cantar, resultándole imposible quitárselo. Antes de ser atrapado por el gigante que seguía el canto del anillo, se cortó el dedo y con el anillo puesto lo arrojó al río Ésera, donde se ahogó el Ome Granizo en su persecución.

 

 

Leyenda de los Amantes de Graus

 

Los elementos más destacados del palacio son los dinteles con inscripciones sobre las puertas, en estas inscripciones puede leerse con letras entrelazadas Rodrigo ama a Marica, para otros estas inscripciones tan solo reflejan el nombre del noble “Roderico de Mur y Marca”.

 

De entre todas las versiones de esta historia-leyenda destaca sobremanera entre los grausinos una que cuenta que Rodrigo padre, era un pillastre que siempre estaba metido en líos de dinero y que para solventar esto prometió a su hijo a Margarita del Solano hija de una adinerada familia grausina, pero Rodrigo hijo, a quien verdaderamente quería era a Marica una de sus sirvientas por eso el día que debía celebrarse el compromiso y con toda la gente reunida en el palacio, Rodrigo hizo descubrir la inscripción en los dinteles, Margarita al leerla salió avergonzada y Rodrigo a pesar de la desaprobación de su familia se casó finalmente con Marica.

Leyenda de la Cueveta de los Moros

 

La Cueveta de los Moros es un profundo abrigo abierto en una ladera de conglomerado, en la orilla derecha orográfica del barranco Riazuelo, muy cerca del pueblo de Graus. Tiene unas dimensiones aproximadas de 9 m. de ancho por 10 m. de fondo.

 

Su acceso se realiza utilizando la Ruta de los Miradores, partiendo cerca del Puente de Abajo, junto a la carretera de Barbastro. Simplemente hay que seguir las marcas amarillas y blancas del Pequeño Recorrido que va hacia la ermita de San Pedro y en unos 15 minutos de subida caminando se llega a la cueva. Para entrar hay una pequeña escalera metálica, ya que la oquedad se encuentra a unos 2 metros de altura sobre el camino. En su entorno podréis ver la «oreja de oso», una planta que crece en estos terrenos sombríos.

 

Según la tradición oral, una vez conquistada Graus por los cristianos en 1083 por el rey de Aragón Sancho Ramírez, los moros fueron expulsados de la población. Al rey moro y a su hija, de nombre Zoraida, se les permitió que vivieran cerca de la población siempre que lo hicieran fuera de las murallas y que la joven cambiara su nombre por otro cristiano. Así lo hicieron. Desde entonces, vivieron en la que se conoce como cueveta de los moros y Zoraida cambió su nombre por el de Marieta siendo una chica bellísima a la que pretendían numerosos grausinos. La pareja subsistía haciendo piezas de artesanía que vendían en el mercado de Graus. Un día de invierno no bajaron como era costumbre al mercado y los mozos del pueblo subieron a la cueva a buscarlos. Los encontraron muertos, sentados y sonriendo mirando con los ojos vacíos las murallas de su añorada Graus.

 

 

Leyendas en torno a la figura del Santo Cristo de San Vicente Ferrer

 

El cristo que dejó San Vicente Ferrer al pueblo de Graus en 1415 está en la iglesia de San Miguel. Vestido con un faldón de terciopelo de colores que varía según la época del año por lo que posee gran cantidad de “manticos”.

 

Fue quemado en la Guerra Civil, perdiendo la cruz original y parte del brazo derecho, que años más tarde se completó gracias al escultor grausino Ramón Auset.

 

Cuando San Vicente Ferrer donó el crucifijo dijo: -… por la virtud de este crucifijo que aquí dejo…- (comunicó a la población), -… jamás entrará la peste en la población, los pedriscos pasarán de largo y en las sequías no faltará agua…

 

Antaño, se realizaba una curiosa tradición en la parte superior de esta capilla, donde estaba el esconjuradero, un lugar desde el que el cura oraba para alejar las tormentas:

… con el objetivo de alejar las tormentas, los miembros de la Cofradía del Santo Cristo subían la cruz hasta el lugar llamado esconchuradó, y volteándolo rezaban en común mientras la campana de la capilla no dejaba de sonar …

 

También obró milagros:

… en otra ocasión, con motivo de una gran crecida del río Ésera que amenazaba con desbordarse, poniendo en peligro la parte baja del pueblo, se sacó el Santo Cristo en procesión y se llevó hasta la orilla misma del río … los que asistieron cuentan que seguidamente el nivel de las aguas comenzó a descender. Agradecidas por el milagro, las devotas gentes de Graus quisieron halagar al Cristo del crucifijo con una corona de plata, pero las tres veces que intentaron ponérsela acabó la corona en el suelo. Al parecer, la imagen prefería la humilde corona de espinas que llevaba…

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